Hoy día vivimos en un mundo donde reina la desigualdad, es así como en algunos sitios las personas desde muy jóvenes crecen en un ambiente con muchísimas oportunidades y con una sociedad que los respalda.

Lamentablemente existen situaciones que aunque quisiéramos ocultar con un dedo no es posible negarla, como es el trabajo y explotación infantil que tan extendido sigue estando en el mundo.

Causas de la explotación infantil

La explotación de la pobreza: Para las familias pobres, la pequeña contribución que aporta la paga del niño, o su asistencia en el hogar que permite a los padres trabajar, puede suponer pasar del hambre a ganar lo justo para vivir.

 Los progenitores de los niños trabajadores se hallan a menudo desempleados o subempleados, y necesitan con urgencia un ingreso fijo. ¿Por qué, entonces, no son ellos sino sus hijos quienes reciben las ofertas de trabajo?

Porque a los niños se les puede pagar menos; porque son más dóciles y maleables: la mayoría hará lo que se le mande sin cuestionar la autoridad; porque es menos probable que se organicen para luchar contra la opresión, y porque no responden cuando son objeto de abusos físicos.

Falta de educación: Una encuesta realizada en 1994 por la ONU en catorce de los países menos desarrollados del mundo reveló algunos datos interesantes. Por ejemplo, en la mitad de estos países, las aulas de primer grado solamente tenían asientos para 4 de cada 10 alumnos.

La mitad de estos no contaban con libros de texto y la mitad de las aulas no tenían pizarras. No es de extrañar que una gran proporción de los niños que asisten a estas escuelas terminen trabajando.

Expectativas tradicionales: Cuanto más duro y peligroso sea un trabajo, mayor es la probabilidad de que se reserve para las minorías étnicas, las clases más bajas, los desfavorecidos y los pobres.

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, en cierto país asiático se cree “que algunas personas nacen para dirigir y trabajar con sus mentes mientras que otros, la gran mayoría, nacen para trabajar con sus cuerpos”.

 Las actitudes en el mundo occidental no siempre son mejores. Puede que el grupo dominante esté en contra de que sus hijos realicen trabajos peligrosos; pero no le quitará el sueño el hecho de que los hagan jóvenes provenientes de las minorías raciales, étnicas o económicas.

Por ejemplo, en Europa septentrional los niños trabajadores pueden ser turcos o africanos, y en Estados Unidos, asiáticos o latinoamericanos. El afán consumista de la sociedad moderna agrava el problema de la explotación infantil.

La demanda de productos a bajo precio es alta, y a muy pocos parece importarles el hecho de que los fabriquen millones de niños anónimos en condiciones de explotación.

La importancia de tomar conciencia

Como suelen decir los cerrajeros “cuando un problema es tan complejo o urgente se necesita de una solución clara y efectiva» de igual forma de necesita una solución pies el problema del trabajo infantil es bastante real. Es alentador saber que muchos están luchando para erradicar este terrible mal.

Modalidades del trabajo infantil

¿Qué modalidades presenta el trabajo infantil? La mayor parte de los niños trabajadores desempeñan sus labores en el servicio doméstico. A estos se les ha denominado “los niños más olvidados del mundo”. El trabajo doméstico no es necesariamente peligroso, pero muchas veces lo es. Los trabajadores domésticos infantiles a menudo reciben poca o ninguna paga; además, sus condiciones de trabajo dependen enteramente de los caprichos de sus patrones; se les priva del afecto, de la educación, del juego y de la actividad social, y son vulnerables al abuso físico y sexual.

Otros niños se hallan sometidos a trabajos forzosos o en condiciones de servidumbre. En el sur de Asia, así como en otras regiones, los padres entregan sus hijos, a menudo de ocho o nueve años, a los propietarios de fábricas o a sus representantes, a cambio de pequeños préstamos. Toda una vida de servidumbre del menor ni siquiera alcanzará para reducir la deuda.

¿Y qué decir de la explotación sexual infantil con fines comerciales? Se calcula que al menos un millón de niñas al año caen en las redes del mercado sexual infantil. Muchos niños varones también son víctimas de tal explotación. El daño físico y emocional infligido —sin mencionar la infección del VIH— hace que este abuso sea una de las formas más peligrosas de trabajo infantil. “Nos tratan como a vagabundos —dice una joven senegalesa de 15 años que se dedica a la prostitución—. Nadie quiere saber nada de nosotros o que lo vean con nosotros.”*

Un alto porcentaje de niños trabajadores son explotados en la industria y las plantaciones. Estos niños trabajan penosamente en las minas efectuando tareas que se consideran demasiado arriesgadas para los adultos. Muchos padecen tuberculosis, bronquitis y asma. Los que laboran en las plantaciones están expuestos a la inhalación de insecticidas y a las picaduras de serpientes e insectos. Algunos sufren mutilaciones mientras cortan la caña con machete. Otros millones de niños hacen de las calles su lugar de trabajo. Considere, por ejemplo, el caso de Shireen, una niña de 10 años convertida en basurera profesional. Nunca ha ido a la escuela, pero está muy versada en la economía de la supervivencia: si logra vender de 30 a 50 centavos de papel usado y bolsas de plástico, podrá almorzar; si gana menos, se quedará sin comer. Tratando muchas veces de escapar del abuso y la desatención en el hogar, estos niños encuentran en la calle más abusos y más explotación. “Cada día rezo por no quedar atrapada en malas manos”, dice Josie, una niña de 10 años que vende caramelos en las vías públicas de una ciudad asiática.

Infancia arruinada

A causa de estas formas de trabajo infantil, decenas de millones de niños se hallan expuestos a graves peligros, ya sean derivados de la naturaleza del trabajo o del entorno deplorable en que lo realizan. Los niños y los adolescentes son más propensos que los adultos a sufrir accidentes laborales graves debido a sus diferencias anatómicas. El trabajo pesado puede deformarles fácilmente la columna vertebral o la pelvis. Además, la exposición a las sustancias químicas nocivas o a la radiación afecta más a los menores que a los adultos. Aparte de eso, los niños no tienen la capacidad física necesaria para realizar durante largas jornadas un trabajo extenuante y monótono, como el que con frecuencia les toca hacer. Tampoco suelen estar al tanto de los peligros que corren ni de las precauciones que deberían tomar.

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